lunes, 19 de agosto de 2013

La lucha contra el dolor.

¡Hola hola a todos!

Hoy os quiero contar algo que no tiene nada que ver con la estética, la belleza, ni el maquillaje, sino con la salud, y, en concreto, con el dolor.

Os puedo contar esto porque lo he vivido día a día, no en mis carnes (a días me hubiese gustado poder turnarme con ella y que pudiese descansar un poco), si no en las de mi madre.

Me parece importante contarlo porque sé que hay mucha gente, más de la que pensamos, que sufre dolor cada día de su vida y muchos de ellos dan la solución por perdida y se limitan a soportar su maltrecha y dolorida vida sin ninguna esperanza. Bueno, pues yo quiero deciros que no os rindáis, que luchéis por mejorarla, y que quizás sí exista algo que pueda ayudar a mejorarla y luchar contra el dolor.

Os cuento.

Resulta que en mi familia (mis hermanos, mi madre y yo), todos sufrimos de escoliosis (desviación de la columna vertebral) y problemas de espalda óseos y musculares a raíz de ella.
Parece ser que lo heredamos de mi abuela materna, que, la pobre, la tenía completamente torcida, aunque tuvo la suerte de no sufrir nunca dolor.
Pues lo malo es que nosotros sí lo sufrimos.




Además, mi madre sufre de artrosis desde que se quedó embarazada de mí, con 34 años (aunque parezca algo extraño en alguien tan joven, no lo sé, y de hecho, ella siempre me dice que cuando iba a la consulta del reumatólogo, coincidía con un niño de 7 años que también la padecía).

La artrosis degenerativa es una dolencia que afecta a las articulaciones y acaba produciendo el desgaste del cartílago del hueso.



Así, con los años y el trabajo diario (mi madre es ama de casa, y ha currado día a día, como la que más, sacado a 3 niños adelante prácticamente sola (mi padre viajaba muchísimo) y currándoselo como la campeona que es), la escoliosis y la artrosis degenerativa han ido haciendo mella en su espalda, sus huesos y articulaciones.

Hace 6 años, la artrosis le produjo una estenosis espinal (estrechamiento del canal de la columna, en este caso lumbar, que comprime la médula y los nervios) que le impedía tan ni siquiera andar sin tropezar y le provocaba un fuerte dolor y hormigueo constante en las piernas.



Gracias a Dios, una operación (arriesgada pero exitosa) de columna, solventó el problema y le hizo mejorar bastante, durante un tiempo.

Pero con el tiempo y la degeneración de la columna a causa de la artrosis y la escoliosis, el problema se desarrolló en otra zona de la espalda provocando la torcedura y y la rotación de vértebras y columna, oprimiendo, entre otros, el nervio ciático, constantemente, 24 horas al día.

¿Habéis tenido ciática alguna vez? yo sí, y os aseguro que es muy dolorosa. Pues ahora imaginad esa sensación, 24 horas, durante dos años.

Y os digo que mi madre es una persona activa, positiva, buena y que no se queja apenas, pero sufría un dolor constante e insoportable cada día de su vida durante todo ese tiempo.

Muchísimas visitas al neurocirujano después, muchas pruebas de diferentes mediaciones, cada una más fuerte que la anterior y con efectos secundarios peores (aturdimiento y fallos de memoria, entre otros), se optó hace un año y pico por probar con la rizolisis, una técnica poco invasiva por la cual se aplican en los nervios una serie de "pinchazos" de radio frecuencia que los adormecen para que dejen de doler.






La idea era buena, pero su efecto sólo duró semanas.

Más medicación, más desesperanza y más dolor después, y tras otras cuantas visitas al neurocirujano, rezos, súplicas y búsqueda de opciones, al médico se le ocurrió una alternativa: insertar un neuroestimulador en la columna vertebral.






Y, ¿qué es un neuroestimulador?

Pues es un dispositivo que se implanta  quirúrgicamente en la columna vertebral y funciona por medio de electroestimulación (el mismo sistema que la gimnasia pasiva y esos aparatitos que anuncian en la Teletienda y dan corrientes, así como el de los marcapasos). En este caso, por medio de pequeños estímulos constantes, corta la señal del nervio al cerebro enmascarando la sensación de dolor. Es decir, no cura, pero esconde el dolor. Es una técnica paliativa.

Parece ser que este tipo de mecanismo se usa para diversas afecciones, desde el tratamiento de los temblores producidos por la enfermedad de Parkinson y otras dolencias, hasta para el control de fobias.

Yo misma tengo un aparato de termoestimulación (une la electroestimulación al calor por infrarrojos) de cabina, que sirve para hacer trabajar los músculos, tanto en tratamientos adelgazantes, reafirmantes,...como para recuperación de lesiones musculares.

Y sólo puedo deciros, queridos,  y es que funciona.



Os cuento cómo fue el proceso de colocación del aparato.

-La prueba.

Llamaron a mi madre y tras las pruebas de preoperatorio (desgraciadamente, las primeras, debido a una espera interminable, habían caducado, 9 meses después...),y  la ingresaron, ya que iba a ser la primera en quirófano por la mañana.

En esta ocasión, la anestesia iba a ser local.

Tardó una par de horitas, más el ratito de anestesia y el despertar.

Y lo que le hicieron fue abrir una incisión en la espalda e insertar en la columna unos cuantos (no sé exactamente cuántos) electrodos en diferentes sitios, para recoger diferentes zonas y nervios.
Además, partiendo de la espalda, salía un cable que llevaba a un aparatito receptor, del tamaño de un busca (para los que conozcáis el busca, la gente joven igual ni sabe lo que es...) o un podómetro.

Aparte, nos dieron otro aparatito, como un mando a distancia muy simple, que era el que enviaba la señal al aparato receptor.

El sistema es bastante sencillo y tú mismo puedes encenderlo y apagarlo y subir y bajar la intensidad de la señal según cómo la vayas notando.

Debes llevarlo encendido siempre que notes dolor, y por ejemplo, por las noches, si quieres,  y no te duele, puedes apagarlo.

Bueno, pues fue colocárselo, y el dolor había desaparecido. Tras dos años de andar con una muleta y sufrir dolores insoportables constantes, mi madre parecía otra. Yo me reía, porque parecía hasta más alta y su cara, cansada y ojerosa hasta entonces, era totalmente diferente. Estaba feliz.

Tras una semana en el hospital que sirvió para probar el efecto del aparato, y ver que en su caso funcionaba a la perfección, el médico nos dijo que se lo tenían que retirar otra vez en quirófano (el modo de colocación era muy provisional, simplemente para hacer la prueba) para, al tiempo, volver a colocarlo ya definitivamente.

No tardó casi nada y volvió como si tal cosa.

Lo que iban a ser quince días se convirtieron en meses (pero eso ya es otro tema, y si lo pienso, me cabreo, así que mejor no lo pienso), y el dolor no sólo había vuelto, sino que estaba empeorando. También es verdad que el saber que iba a acabar, hacia la espera diferente y por fin, esperanzada.

La llamaron en julio e ingresamos (yo con ella, por supuesto).


-La operación definitiva.


Esta vez, la anestesia iba a ser general, así que le hicieron alguna prueba previa. Todo ok, así que a primera hora, volvería a quirófano.

Se la llevaron bien prontito y volvió como en un tres horas (creo recordar). Bastante despierta y contenta.

Tras unas horas sin poder moverse, pudo levantarse con cuidado. Al día siguiente encenderían el aparato para ver si funcionaba.

En esta ocasión, le abrieron la columna vertebral para introducir nada menos que 8 electrodos y conectarlos a la zona de los nervios afectados. Cuantos más electrodos y más zonas a trabajar, más fácil sería acertar con el punto exacto. Además, le abrieron una incisión en el abdomen  e introdujeron allí el aparato receptor (como si de un marcapasos se tratase, de hecho, también se nota al tacto).

Además, nos dieron el mando a distancia definitivo para que lleve siempre encima (parece un móvil, la verdad, y tiene hasta una fundita). Con el tiempo, las pilas se gastarán y habrá que volver a ingresarla para cambiarlas, pero nos dijeron que será como a los 5 años.

Cuando por fin probaron el aparato, el dolor volvió a desaparecer, como si de un milagro se tratara. A los dos días, estaba ya en casa.

Es un técnica fantástica, a mi modo de ver, y, aunque mi madre ya nunca tendrá la espalda bien y ha perdido musculatura tras dos años de andar con muleta, la diferencia es abismal y se ve estupenda.

El médico, tras quitarle los puntos una semana después, le retiró la infernal medicación que le sentaba francamente mal y le dio el visto bueno para irse de vacaciones. Nos dijo que a la vuelta le dará una serie de ejercicios para rehabilitar la espalda y muscularla. La espalda, siendo sincera, sí le molesta, pero lo normal para las afecciones que tiene. Del otro dolor, ya casi ni se acuerda.

Así, queridos, os quiero decir que no perdáis la esperanza, que quizás aún no habéis dado con vuestra solución, pero es cuestión de encontrar lo que a vosotros os vaya bien. Quizás sea la acupuntura, la fisioterapia, la rizolisis o la cirugía, no lo sé, sólo os digo que le ciencia tiene muchas cosas buenas y que en muchos casos, el dolor se puede tratar.

¡Un beso grande y espero que os haya servido!

Cris.






1 comentario:

  1. Hola Crís. Me alegro mucho que hayas sacado este tema. Lo primero por tu madre, que no sabes lo que me alegro, y lo segundo porque puede ayudar a muchas personas que creen que lo suyo no tiene remedio. El dolor no hay que soportarlo nunca. Afortunadamente la ciencia adelanta y cosas que antes no se podían hacer, ahora se pueden. Ojalá que mucha gente lea esto y tomen cartas en el asunto. Y no me quiero extender. Un beso fuerte para tu madre y otro para ti. Tita

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