miércoles, 13 de marzo de 2013

Cómo distinguir, por fin, tu tipo de piel.



¡Hola a todos!


Los que me siguen en mi página de Facebook es posible que ya hayan leído este post, pero lo cierto es, que, para comenzar un blog sobre belleza y cuidados, me parece primordial comenzar ayudándoos a indetificar, por fin, cuál es vuestro tipo de piel.




 Y es que, en todos estos años de carrera, no sabéis la de veces que me he encontrado con gente que aún no tiene claro cómo es su piel ni qué productos son los más aconsejables para ellos. Eso, y por consiguiente, gente que utiliza productos incorrectos e incluso contraproducentes para los problemas propios de su tipo de piel.

Y es que, queridos, os aseguro que,
en una fugaz visita a la consejera de la casa X de los grandes almacenes Y, es prácticamente imposible diagnosticar la piel en tan sólo unos minutos, con la piel maquillada o ya tratada con algún producto (tanto acertado como incorrecto), y es que la piel ha de ser diagnosticada estando limpia y además, tomándonos un buen rato.

Sí es cierto que, a primera vista, descubrimos rasgos propios de cada tipo de piel, pero también es cierto que esos rasgos se pueden producir temporalmente a causa de circunstancias externas como haber tomado el sol, haber sido tratadas, tener algún tipo de sensibilidad temporal, responder a algún momento hormonal concreto, la etapa de tu vida, la edad....etc.

Bueno, voy a comenzar enumerando los tipos de piel que nos encontramos (luego siempre puede existir algún matiz muy concreto): piel normal, piel grasa, piel seca o alípica y piel mixta (estos conceptos se refieren al grado de secreción sebácea que presenta nuestra piel, es decir, a la grasa), además, dentro de esta clasificación, podemos encontrarnos (en cualquier tipo de piel de los nombrados, queridos, no sólo en pieles secas) con pieles sensibles, pieles sensibilizadas (es decir, cuya sensibilidad no es innata, sino que ha sido provocada por algo) pieles asfixiadas y pieles deshidratadas.


Así, os voy a decir, a grandes rasgos, (porque podría estar horas...), cómo, tanto visualmente, como al tacto, podemos distinguir una piel de otra.

-Piel normal: como su nombre indica, no presenta defectos de grasa, sus poros tienen el tamaño correcto, no reacciona ni a los cosméticos ni al maquillaje, y por lo general, no presenta ningún problema.

-Piel grasa: evidentemente, es la que presenta una secreción excesiva de las glándulas sebáceas.
Se distingue por sus poros dilatados, su brillo untuoso, la coloración un tanto amarillenta, un tacto áspero y la presencia de comedones o puntos negros. Además suele sufrir de granitos sueltos, o verdaderos brotes de acné. Al tacto suele ser gruesa y aceitosa.

-Piel seca o alípica: pues eso, es la piel que presenta falta de grasa (que no necesariamente de hidratación, queridos, no es lo mismo la grasa que el agua). Visualmente suele presentar eritrosis (es decir, enrojecimiento) en las mejillas, tirantez, arruguitas muy finas, poros invisibles y pequeños granulitos que se perciben al tacto. Además pueden acabar sufriendo de sensibilidad, ya que el manto hidrolipídico (de grasa y agua) que protege la piel como una barrera natural, está descompensado.

-Piel mixta: como su nombre indica, es la mezcla de una piel grasa y una normal o seca. Se produce por el desequilibrio de las glándulas sebáceas, que según las zonas, segregan grasa en exceso (generalmente en la famosa zona T, (frente, nariz y anexos y barbilla)) o segregan poca o en su medida normal.


Y, como os decía, aparte de estos grandes rasgos, cada uno de estos tipos de piel puede presentar estos problemas:

-Piel sensible: se suele creer que la sensibilidad sólo afecta a las pieles secas, pero no, cualquier piel puede ser sensible, tanto al uso de cosméticos, como a factores externos, como el roce, los cambios bruscos de temperatura, el viento, el sol....Las pieles sensibles se distinguen por su facilidad para enrojecerse, por cómo reaccionan a ciertos estímulos con sensación de calor, picor o escozor y porque suelen acabar presentando pequeños capilares enrojecidos (rosácea o cuperosis).

-Piel sensibilizada: se trata de una piel que, de repente, como respuesta a algún tratamiento tanto externo como interno (por ejemplo, medicamentos), o a algún cambio de hábitos, comienza a presentar reactividad a los cosméticos o molestias e irritación. Es decir, es una piel sensible temporalmente, que, con cuidados específicos, puede volver a la normalidad.

-Pieles asfixiadas: puede ser un problema innato, pero lo normal es que se deba a alguna reacción a un tratamiento externo (por ejemplo un tratamiento con ácidos, dermoabrasión, o al uso de productos demasiado astringentes), o a algún factor interno, como el uso de ciertos medicamentos.
(La quimioterapia o los corticoides, por ejemplo, acaban asfixiando los poros y resecando en exceso la piel, por lo que es imprescindible una hidratación y un cuidado extremos.) Estas pieles se distinguen visualmente por una superficie aparentemente fina, un tacto y apariencia seca, y unas granulaciones blanquecinas gruesas (miliums) que, ya enquistadas, no se vacían al presionar.

-Y, por último, las pieles deshidratadas. Se puede tratar de cual tipo de piel de ls anteriormente nombrados, cuyo aporte de agua, tanto externo (por el uso de cremas hidratantes), como interno (beber agua, comer fruta y verdura...) es insuficiente.
La deshidratación superficial se ve en una piel reseca, con escamas finitas y áspera. Cuando la deshidratación ya es severa, aparecen pliegues entrecruzados (similar a la típica imagen del barro seco en el desierto) y flacidez más o menos acentuada.



Básicamente, estos son los tipos de pieles que existen, pero hay que tener en cuenta que puede haber diferentes matices, tantos como personas, ya que, ni todos nos alimentamos igual, ni nos cuidamos de la misma manera, ni vivimos en climas iguales, ni nuestro modo de vida es el mismo.

A partir de ahora, os iré contando qué cuidados requiere cada tipo de piel en siguientes posts.


Y ahora, ¿tienes claro a qué grupo perteneces? Cuenta, cuenta....

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